GERARDO DIEGO

VIDA

Nació en Santander en 1896. Fue catedrático de Lengua y Literatura en distintos Institutos. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, “ex aequo” con Alberti. En su Antología recogió la obra de los poetas del 27. Desde 1947 es miembro de la Real Academia Española. En 1979, se le concede el Premio Cervantes.

OBRA

La poesía de Gerardo Diego sorprende por su inusitada variedad de temas, de tonos y de estilos. En síntesis, su obra presenta dos direcciones: la poesía de vanguardia y la poesía “clásica” o “tradicional”. Ambas modalidades han sido cultivadas paralelamente por el autor, aunque con un progresivo dominio de la segunda.

Su primer libro, El romancero de la novia (1918), está impregnado de aún de un tono muy becqueriano. Pero ese mismo año comienzan sus experiencias vanguardistas: Gerardo Diego destaca como representante español del Creacionismo. Así en Imagen y Manual de espumas, compuestos entre 1918 y 1922, encontramos esa poesía de libre imaginación, al margen de toda lógica y de referencias precisas a la realidad inmediata. Una poesía que quiere “crear” una realidad autónoma, un mundo propio, aunque recorrido por una indudable fuerza vital, juguetona o dramática. “Creer lo que no vimos, dicen que es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía”. A la misma línea vanguardista corresponde la Fábula de Equis y Zeda (1926-1929), difícil y virtuosista, que es un tributo al arte gongorino, y los Poemas adrede (1926-1941).

Sin embargo, por los mismos años, prosigue su obra de corte tradicional. Versos humanos (1918-1924) reúne canciones, glosas, sonetos, entre éstos el espléndido al ciprés de Silos. Soria (compuesto en 1922 e incrementado luego) es un libro transido de emoción por la tierra de Castilla, e incluye el famosísimo “Romance del Duero”. De 1924 es Viacrucis, hondo ejemplo de una inspiración religiosa que singulariza al autor dentro de su generación. A esta misma inspiración se deben sus Versos divinos (iniciados en 1938), entre los que sobresalen sus deliciosas imitaciones de cantarcillos populares, sus letrillas y sus glosas, dignas de un Lope de Vega. En la línea “clásica” alcanza su cumbre con el libro Alondra de verdad (1941), magnífico conjunto de sonetos.

En 1941, publicó su Primera antología de sus versos. Gracias a ésta y otras antologías conocemos muestras de otros libros que han ido quedando inéditos. Posteriormente publica Biografía incompleta (1953), Paisajes con figuras (1956) y La suerte o la muerte (1963); en este último canta el mundo taurino con tonos ágiles y graciosos, o con noble gravedad.

SIGNIFICACIÓN

Variedad, gracia y perfección son los atributos con que este poeta se sitúa en el grupo del 27, ejemplo de la síntesis entre tradición y renovación. Una gran maestría técnica, un absoluto conocimiento de los recursos del verso y del lenguaje caracterizan su obra. Con igual dominio aborda los temas ligeros y los asuntos profundos. Sabiduría y sensibilidad confieren su unidad y valor a una obra tan amplia y variada como la de Gerardo Diego.


EL CIPRÉS DE SILOS

A Ángel del Río
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

COMENTARIO
Hasiera